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Evolución de la avicultura en España

Autores: Antonio Callejo Ramos

En este texto se expone una breve referencia histórica de la evolución de la avicultura en España, estableciéndose 3 fases en dicha evolución, donde se sintetizan los principales aspectos que las definen.

LA IMPORTANCIA DE LA AVICULTURA

1. Introducción

Previamente al estudio de la producción avícola desde un punto de vista estrictamente técnico, creemos de interés poner de manifiesto cuál es la importancia de este sector tanto a nivel mundial como nacional.

Pero para comprender la situación e importancia actuales de la avicultura en España es preciso que hagamos un breve repaso a la evolución de la ganadería y de la agricultura en este último siglo para lo cual pueden utilizarse los datos del Anuario de Estadística Agraria del MAPA y algunos de los múltiples estudios y trabajos publicados sobre este tema.

Podríamos definir una primera fase, desde principios de siglo hasta finales de los años 50; durante este lapso de tiempo, la tradicional dicotomía cereal-ganado se va decantando paulatinamente por el segundo, ya que las demandas poblacionales exigían la conversión de los cultivos en carne después de ser asimilados por las reses. No obstante, la ganadería permanece en un segundo plano respecto a la agricultura durante el período que consideramos, ocupando a una gran parte de la población activa española. No es exagerado considerar que se practica una agricultura de subsistencia, caracterizada por:

1. Autoconsumo, en la propia explotación, de la mayor parte de los alimentos producidos (cereales huerta, frutales, animales) generándose, los años favorables, algunos excedentes para el pago de rentas y la compra de productos indispensables.

2. Baja dependencia del exterior (autosuficiencia) debida a:
 - el empleo de tracción animal.
 - la utilización de estiércol como único abono.
 - la alimentación de los animales a base de pastos comunales y residuos de cosechas, de huerta y de cocina.

3. Existencia de una ganadería autóctona muy variada, muy extensiva y de bajos rendimientos.

A partir de los años sesenta y hasta finales de los ochenta, tienen lugar, simultáneamente, dos cambios importantes en el mundo agrario:

 1. Éxodo rural hacia zonas urbanas de creciente industrialización, que ofrecen mayores rentas y mejores perspectivas de vida.
 2. Cambio en el sistema de producción, basado en el empleo de la tracción mecánica y en la utilización de abonos químicos y variedades más productivas.

El desarrollo socio-económico español a partir de estos años sesenta llevó consigo el aumento de la demanda de proteínas animales, sobre todo de productos cárnicos, en franco contraste con el tipo de nutrición que imperaba en etapas anteriores, tanto de pre-guerra como de pos-guerra.

La satisfacción de la ingente demanda sólo podía alcanzarse, y de hecho así se hizo, mediante la intensificación de los métodos productivos pecuarios. Comienza así la explotación de una ganadería independiente de la tierra, basada en la utilización de las especies más productivas (aves, cerdos) y en el empleo de animales selectos, alimentados con piensos compuestos.

La avicultura (de puesta y de carne) es la primera en desarrollarse, actividad que actúa de hilo conductor para la penetración de avanzadas técnicas en manejo, nutrición y genética, procedentes de Estados Unidos y hasta entonces desconocidas en España.

Las razones de estas especies para ser criadas con sistemas intensivos no son arbitrarias. Existen razones biológicas y motivos económicos. Los cerdos y pollos, por su carácter monogástrico, responden a unas rápidas conversiones de los piensos en carne y a una importante velocidad de crecimiento.

Por otro lado, el valor monetario de las crías para cebo es reducido. El precio de un pollito es irrelevante. El ciclo de engorde también es mínimo. Esto propicia que las rotaciones de capital sean muy rápidas.

La conclusión de los matices expuestos es bien sencilla. Las especiales características naturales y económicas de los ganados susceptibles de industrialización permiten que la carne pueda producirse a bajo precio y por lo tanto ser consumida cada vez por mayor número de ciudadanos. Estas carnes producidas de manera industrial constituyen la alimentación básica en aquellos países que no cuentan con extensos recursos para la producción a bajo coste de ganado vacuno.

Indudablemente, este modelo de desarrollo ganadero tuvo algunas consecuencias, no todas positivas:


 1. Necesidad de elevadas inversiones en construcción de alojamientos, adquisición de alimentos, sanidad, etc, que sólo se justifican por una productividad elevada.

 2. Ello obliga a sustituir una gran parte del censo de razas autóctonas por razas selectas, de alta productividad, compradas en el exterior.

Vemos, pues, que el modelo era y, en parte es, altamente dependiente del exterior en tecnología, alimentación y genética.

En efecto, la solución más fácil fue invadir el país de elementos foráneos, sin pensar en la dependencia en la que caía el sector pecuario, dependencia que no sólo deriva de las adquisiciones genéticas. La alimentación de estos animales, para que su empleo sea eficaz y rentable, debe realizarse con piensos compuestos, cuya formulación se basa en cultivos, maíz y soja, de los que España es deficitaria y debe comprar en el exterior.

 3. Desequilibrio geográfico, puesto que los agentes económicos aprovecharon al máximo las ventajas de las economías de localización e instalaron sus industrias allí donde sus costes fuesen menores: cerca de los grandes centros de consumo, fábricas de piensos, puestos de llegada de las materias primas americanas y vías de comunicación desarrolladas.


Podríamos establecer una tercera fase, desde principios de los noventa hasta nuestros días, donde surgen nuevas necesidades, preocupaciones y desafíos. Aspectos como la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral, el menor tamaño de la unidad familiar, el mayor nivel de renta, etc., dan lugar a nuevos hábitos de compra y de consumo, es decir, nuevas necesidades y nuevas demandas. Ello origina que surjan productos nuevos y presentaciones diversas, tanto en el aspecto formal como en el tamaño. Aumenta el consumo de productos preparados, despiezados, congelados, etc.

Por otra parte, en un país con un elevado nivel de desarrollo también aparecen nuevas sensibilidades, algunas menos tangibles, pero que condicionan los modos de producir y los productos obtenidos. Podríamos citar los siguientes aspectos:

• Calidad organoléptica
• Calidad sanitaria
• Bienestar de los animales
• Respeto al medio ambiente

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